dilluns, 4 de març de 2019

Reflexiones sobre los objetivos de Griego en Bachillerato


Contando con su permiso, reproduzco aquí la carta que nos envia el compañero Gregorio Galán con sus interesantes reflexiones sobre el modelo de examen selectivo de griego que se está debatiendo estos días en nuestra comunidad. 
Aprovecho para enlazar el artículo reciente que publicamos M. Garrido y yo en la revista Thamyris en el que trato la cuestión.


Quería aprovechar la invitación que nos han hecho los especialistas de la materia de Griego en las universidades valencianas de proponer nuevos textos en 2º de Bachillerato para hacer algunas reflexiones que llevo rumiando desde hace años.

Estoy en el oficio desde el curso 87-88, así que, si no otro mérito, me avala, al menos, el beneficio de la experiencia. He de aclarar, no obstante, que he ejercido casi siempre como profesor de Latín. Hace unos diez años que imparto también Griego de forma continuada y es en esta materia donde se dan unos hechos que a mí me extrañaron desde un principio. 

Creo que lo que está en juego es algo más que la idoneidad de los textos, lo que nos estamos jugando es la supervivencia del Griego mismo en la enseñanza (el Latín es más difícil que se lo carguen, pero el Griego está en las últimas, en parte por la política de gobiernos ineptos, en parte, a qué negarlo, por nuestra propia tozudez). Y lo mejor que podemos hacer para defender nuestra materia, aparte de reivindicaciones que se parecen sospechosamente a una especie de mendicidad gremial, es hacerla atractiva. 

Y cuando digo hacerla atractiva no me refiero a que los profesores hagamos el payaso, a que demos aprobado general o a que vayamos “vendiéndola” entre los despistados alumnos de 4º de ESO. Me refiero a sacar todo el partido académico que una asignatura como el griego permite, de manera que sean los propios alumnos, con su demanda, los que avalen la persistencia de una asignatura tan “anacrónica” e “inútil”. Porque es obvio que puede ser atractivo para los alumnos conocer la literatura clásica. Y la mejor manera de conocerla bien es leer textos en clase, con la ayuda y los comentarios del profesor (porque aún no tienen la madurez personal ni académica suficiente para poder apreciar estos textos con una lectura individual). Leer una comedia, una tragedia, fragmentos de la Ilíada o la Odisea, algún relato de Luciano… es la forma efectiva de que aprecien su valor de clásicos. 

También es evidente que la Mitología es otra parte de la asignatura que los puede encandilar: conocer qué es un mito, estudiar mitos comunes con otras culturas, ver su influencia en las artes a lo largo de la historia y hasta nuestros días, sobre todo en la literatura y en la pintura. En fin. Conocer algo de la historia de Grecia quizá es más arduo y farragoso para ellos, pero hay excelente material audiovisual con el que dulcificar el tema. 

En este apartado me parece importantísimo que los alumnos conozcan las grandes aportaciones de los griegos a nuestro mundo: la filosofía, las ciencias, la democracia, las artes… La etimología es otra herramienta de nuestra asignatura que no sólo los divierte, sino en la que más claramente advierten una utilidad inmediata. Hay tantos helenismos en castellano y es tan grande la carestía léxica de los alumnos que abordar esta cuestión resulta enormemente recomendable. Pero es evidente que enseñar todo esto con seriedad necesita tiempo, mucho tiempo. Y es más que evidente que desde hace años, y por las exigencias de la PAU, estamos demasiado centrados en el estudio casi exclusivo de la Gramática para poder abordar unos textos que, por mucha Gramática que expliquemos, quedan fuera del alcance de los alumnos. 

Por todo ello, mi propuesta (quizá un poco radical, pensarán algunos, pero a mí, tras treinta y dos años de docencia, me parece la más sensata) es elegir textos ADAPTADOS. Textos adaptados con un nivel de dificultad progresivo, claro está, pero textos que estén al alcance de las posibilidades de un alumno de bachillerato. Esto es un principio pedagógico elemental: para que un alumno pueda motivarse, pueda interesarse por alguna materia, su comprensión y su dificultad han de estar a su alcance. 

Porque, no nos engañemos, traducir a Jenofonte, a Lisias, a Homero es sencillamente imposible para un alumno actual. Y no creo, además, que sea un objetivo que haya de obsesionarnos hasta el punto de renunciar a todo lo bueno restante que la asignatura puede aportar a los alumnos. Elegir textos que tengan interés per se, y no sólo que sirvan para practicar las cuestiones gramaticales vistas. 

He utilizado varios cursos el manual de la editorial Editex en 1º y me parece que es el camino a seguir: desde el minuto cero propone, en vez de oraciones rancias y descontextualizadas, textos accesibles de tema mitológico que, además, dan pie para profundizar en el mito mismo. El manual de 2º no lo he utilizado (por razones obvias), pero veo que sigue este camino: textos mitológicos a los que se van añadiendo fragmentos adaptados de Platón (Apología), de Sófocles (Edipo Rey, Antígona), de Aristófanes (Lisístrata), de Aristóteles, de Estrabón, de Heródoto, de Homero. Qué mejor manara de que los alumnos conozcan a tantos autores que a través de sus textos ADAPTADOS. 

Por último, quería añadir otra propuesta de forma enérgica: el examen de Selectividad tendría que ser abierto, no sobre textos prefijados. Si somos sensatos, coherentes y asumimos que traducir griego clásico es un objetivo irreal para un alumno de bachillerato, podríamos dejar de hacer ese paripé que es traducir en clase unos textos que son los que van a caer en el examen. De hecho, que esto sea así, es el reconocimiento implícito de lo que estoy diciendo: como sabemos que los chicos no van a poder traducir de verdad, les masticamos esos textos durante el curso para que luego los vomiten en el examen. Así la mayoría aprueba, muchos sacan incluso buenas notas y todo el mundo tan contento. ¿No sería mejor poner un examen con una dificultad razonable para que los alumnos se enfrenten a él de verdad, sin paripés? Un texto donde los alumnos tengan que demostrar que han adquirido ciertos conocimientos de Morfología y de Sintaxis con los que pensar (¿hay mejor objetivo que conseguir que nuestros alumnos aprendan a pensar?) para resolver el enigma que es un texto en griego, aunque no sea exactamente como lo escribieron Homero o Platón. De esta manera, además, cada profesor tendría libertad para elegir los textos que por afinidad, por capricho, por coyuntura o por pura apetencia, prefiriese. Y cambiarlos también a su antojo. Esto no es nada raro, dicho sea de paso: es lo que hacemos en latín. El que no haya textos prefijados nos permite a los profesores ir eligiendo en cada momento los que nos parecen más oportunos. Aunque no soy del bando de los que intentan utilizar el latín como lengua vehicular (no por falta de ganas, simplemente no me veo capacitado), sí me he tomado la molestia de traducir textos que a mí me gustan, que me parecen divertidos, que me motivan (porque para motivar es imprescindible estar uno mismo motivado) y los utilizo en clase: canciones (que después cantamos, en youtube hay alguna muestra), chistes, fábulas modernas, que contienen todos los elementos de Morfología y Sintaxis necesarios para enfrentarse después a César o a Virgilio. Por poner sólo un ejemplo: en mi versión de Marieta, una canción de Javier Krahe, los alumnos practican los pronombres personales, demostrativos, posesivos, indefinidos y relativo; valores de CUM y de UT, los participios y el valor final del gerundivo. Aparte, como es lógico, de las formas nominales y verbales correspondientes. En sólo una canción. 

En fin, éstas son mis propuestas, si os gustan, bien, si no, a diferencia de Groucho Marx, no tengo otras. Pero ya digo, son el resultado de treinta y dos años ininterrumpidos de docencia por institutos de media España de un profesor que no deja de reflexionar sobre el sentido de enseñar nuestros saberes en pleno siglo XXI.

Un saludo y perdonad el exceso de verborrea, pero hacía tiempo que me planteaba escribir todo esto y hacerlo público para, al menos, incitar al debate. 

Bueno, y también, qué carajo, para hacer terapia de grupo, que no hay nada como verbalizar una pena y compartirla para mitigar su dolor, como propone con acierto el psicoanálisis. Hoy ha sido el momento. 


Gregorio Galán Oliver 
Profesor le Latín y Griego del IES Mare Nostrum de Alicante