dimarts, 31 de juliol de 2007

Espíritus

Un último post antes de marchar a Argentina.
Δασεῖα y ψιλή son dos de los símbolos prosódicos inventados por los filólogos alejandrinos para ayudar al aprendizaje del griego a quienes desconocían esta lengua en época helenística. Provienen de la división en dos mitades de H, la parte izquierda para indicar el espíritu áspero y la derecha para el suave. Tales signos fueron evolucionando y simplificándose hasta llegar a la grafía actual, que empezó a utilizarse en manuscritos del s. XI.
Nadie especificó que se hubieran de pronunciar de una manera determinada hasta que llegamos al Renacimiento. Para los erasmianos el spiritus asper equivalía a una aspiración, mientras que el spiritus tenuis, por el contrario, indica la ausencia de aspiración, es decir, sería mudo. La única justificación que dan los erasmianos para esta interpretación es que en latín el espíritu áspero se transcribe con hache (ej. harmonia< ἁρμονία). Erasmo trata el tema al hablar de h, aunque en lugar de aclarar el asunto crea más confusión. Reconoce que no es una letra del alfabeto, sino un símbolo cuyo sonido varía: suave delante de vocal, detrás de vocal aparece sólo en interjecciones del tipo ah, vah, oh, … y con mayor dinamismo suena después de consonante, sobre todo después de c, t y p, como en chorus, thymum, phyllis.
¿Pero en qué consistía realmente tal aspiración? El de Rotterdam no despejó la incógnita. Erasmo-león compara la fuerza del espíritu con el viento capaz de arrancar árboles y azotar el mar y provocar seísmos. Ante estos símiles, Erasmo-oso recomienda moderación, que cerremos un poco la boca al respirar para no marear al que tenemos enfrente, sobre todo si recién hemos comido ajo. En fin, que como el sistema erasmiano había abierto las puertas a cualquier modificación, a algunos se les antojó que el espíritu áspero debía pronunciarse como en inglés home o aleman heute y se quedaron tan panchos.
Estos pseudos-helenistas no tuvieron en cuenta que en ninguna lengua latina la h- inicial suena a aspiración, ni a jota andaluza ni nada por el estilo. Pasaron también por alto que precisamente en latín ya era muda.
También la inicial y la ῤῥ intersilábica se escriben con espíritu áspero y pasan al latín y otras lenguas modernas con h (ῥήτωρ >rhetor), aunque en este caso la ro no es considerada como aspirada por los erasmianos, pues no se podría pronunciar con aspiración (al menos no se atrevieron a sugerirlo, tal vez porque no tenían un equivalente en su lengua).
Los erasmianos, sin embargo, no tuvieron en cuenta que en jónico, eolio y la mayor parte del dorio no se conocía la aspiración ya desde época arcaica. El ático durante el periodo anterior a la adopción del alfabeto jónico es bastante inestable en este sentido. Los erasmianos no se plantearon porqué en numerosas inscripciones áticas aparecen casos de ρ inicial con espíritu suave, porqué H concurre con Λ y Γ donde la aspiración es imposible, porqué en otras ocasiones se coloca equivocadamente y se utiliza espíritu áspero en vocal inicial de palabras que normalmente no lo llevan o al revés, o porqué otras palabras aparecen sin espíritu alguno. Todos estos casos están recogidos en los estudios de Caragounis y Tovar ya citados anteriormente.
El autor griego señala que tales errores se debían a que el sentido de la aspiración en ático se había ya perdido antes del final del periodo clásico, pero se siguió usando como elemento histórico, no como algo vivo en la lengua, es decir, tal cual se utilizaba hasta hace poco en Grecia.
El autor argentino precisa que no se trata de errores ortográficos, pues si el espíritu áspero se pronunciase se notaría, mientras que los errores en griego se cometen a causa de homofonía. Más bien es posible que se tratase de una marca con un fin nada relacionado con la aspiración.
La notación alejandrina en cuestión tuvo seguramente un valor histórico, que indicaba sencillamente la pérdida de una consonante inicial acaecida en tiempos arcaicos, como se ve por la comparación con otras lenguas indoeuropeas, cf. ἑπτά, ὑπέρ, latín septem, super. Este hecho sí parece intuirlo Erasmo, cuando precisa: “en el préstamo del griego el latín a menudo transforma la aspiración en s de manera que en lugar ἕξ dicen sex.” La observación en cuestión se obvió de nuevo.
No me sirve el argumento de quienes pronuncian jo joplites para que los alumnos aprendan a escribir hoplita. La etimología y la fonética son dos cosas diferentes y compatibles. No renunciemos a la eufonía del griego y expliquemos simplemente que el artículo se escribe con espíritu áspero, al igual que ὁπλίτης y los derivados de ὅπλον, ὁπλομαχία, ὁπλοφόρος, ὁπλίζω etc., palabras todas ellas, por cierto, vigentes todavía en griego moderno.