dimarts, 8 de maig de 2007

Va a ser que no, Erasmo

Nadie duda que Erasmo fue un cerebrito de su época, de ideas avanzadas y enorme talento literario. No hay rama de la ciencia filológica que éste no tratara. No fue solamente un gran filólogo, sino también un excelente escritor de enorme productividad. Hecha esta precisión, cabe también reconocer que no siempre los resultados de su labor fueron siempre satisfactorios.
El filólogo y clérigo de Rotterdam se caracterizó por la originalidad de sus trabajos, que causaron en su tiempo no pocas reacciones contrarias. Tal vez era esto lo que buscaba. Un ejemplo fue su obra titulada Ciceronianus, un ensayo satírico en el que cuestiona y ironiza sobre la exagerada estima que se tenía del estilo del autor latino, posición que fue recibida, por supuesto, con duras críticas por parte de renombrados filólogos de la época.
Es en esta tesitura como podemos comprender mejor la redacción de una de sus más polémicas obras: De recta latini Graecique sermonis pronuntiatione dialogus, un diálogo en forma de fábula acerca de la verdadera pronunciación de las lenguas clásicas, las cuales, según Erasmo, ya nadie hablaba correctamente.
Hasta el momento el griego se aprendía con la pronunciación de los bizantinos, que enseñaban en Occidente la lengua que habían aprendido de sus antepasados siguiendo una larga tradición. Hoy sabemos que Erasmo no fue el primero en en descubrir tal supuesto hecho, ya que anteriormente la misma hipótesis había sido formulada por eruditos como Aldo Manucio o nuestro Antonio Nebrija. Lo que sí hizo Erasmo fue adelantarse a los demás desarrollando de manera sistemática y completa tales teorías.
La anécdota de cómo Erasmo decidió llevar a cabo dicha empresa la transmiten diversas fuentes de la época. Transcribo aquí el texto sacado del manual de S.A.Tovar, quien a su vez recoge el testimonio de Pickering: “Sucedió que Enrique Glareanus llegó a Lovaina desde París, siendo invitado a comer en la universidad, y que cuando se le preguntó a Glareanus qué novedades traía, él contestó (lo que era un cuento que había inventado mientras viajaba, porque sabía que Erasmo era asombrosamente crédulo y en exceso amante de novedades) que habían llegado a París ciertos griegos nativos, hombres de gran erudición, y que empleaban una pronunciación del idioma griego enteramente diferente a la que prevalecía en estos lugares. ... En cuanto Erasmo oyó este relato, escribió su Diálogo para poder aparecer como descubridor de este nuevo método. ... Erasmo, sin embargo, habiendo descubierto que se le había hecho una broma, posteriormente jamás empleó esta pronunciación él mismo, ni indicó a sus amigos que la adoptasen.”
Es de todos sabido y reconocido que Erasmo, cuando enseñó griego en Cambridge no solamente aplicó la pronunciación nacional griega, sino que utilizó las gramáticas de los bizantinos Crisolorás y Teodoro Gaza. Existe además un conocido testimonio histórico que explica cómo Erasmo, cuando se creó la Universidad de Lovaina, le dirigió una carta a Ianus Láscaris pidiéndole le enviara un griego nativo para cubrir la cátedra especificando para que los estudiantes adquieran la genuina pronunciación de la lengua griega. Esta carta fue redactada en latín. Muchos se preguntan porqué no lo hizo en griego, siendo ésta la lengua de Láscaris y dado que ambos habían sido miembros de la Academia Aldiana, donde ese era el idioma oficial. Que los conocimientos de griego de Erasmo eran deficientes lo certifican algunos estudiosos como Bayle, quien observó que en la traducción que Erasmo hizo de Crisóstomo en sólo ocho omilías encontró 150 errores elementales de traducción.
Erasmo no aporta pruebas convincentes sobre la supuesta deformación y corrupción de las lenguas clássicas. De la falta de seriedad y rigor científico de este diálogo entre un oso y un león, y del porqué, con todo, acabó triunfando hablaremos en otra ocasión.

1 comentari:

Lluïsa ha dit...

No tardes molt, que ens has deixat en el millor i està resultant d'allò més interessant!