dissabte, 26 de maig de 2007

¿El estudio lo puede todo?

La primera razón que explicaría la distorsión que han sufrido las lenguas clásicas habría que buscarla según Erasmo en la propia naturaleza humana, que tiende a imitar todo lo negativo. Aunque los niños ya no aprendían latín y griego escuchando a sus nodrizas como en época de César, sin embargo, cuando todavía se hablaban estas lenguas en el hogar, los errores lingüísticos de los mayores fueron repercutiendo sucesivamente en cada nueva generación, dado que los defectos que adquieren los niños se mantienen de adultos con tal fidelidad que es ya imposible de olvidarlos. Hasta aquí ningún problema, Erasmo admite el fenómeno de la evolución natural de las lenguas.
Aparte de los errores atribuibles a la falta de atención en el uso de la lengua, Erasmo cree que el griego y el latín también se han distorsionado por culpa de aquellos que tienen problemas físicos de nacimiento, en la lengua o la boca, y que impiden a muchos pronunciar correctamente determinados sonidos. También están aquellos que buscando un distinción social especial alteran el lenguaje. Mucha gente, por ejemplo, no puede pronunciar la letra r, si bien algunos no la pronuncian intencionadamente. Erasmo señala que en griego el sonido de la letra ρ es aún más áspero o rudo, por lo que añaden un espíritu áspero en la segunda ρ. Comenta que esta aspereza algunos la suavizan substituyendo la ρ por σ, por ejemplo θαρσεῖν en lugar de θαῤῥεῖν. Erasmo ignora el tema de los dialectos óbviamente. Comete además un error garrafal al suponer que a muchos romanos les gustaba decir honos, labos, vapos, etc. en lugar de honor, labor, vapor, ignorando por tanto el fenómeno del rotacismo o cambio de s intervocálica a r ya desde tiempos históricos.
El oso no soporta a la gente que repite sílabas y dice κυκυκύριε o cacacave, ni a los que hablan demasiado lento o titubean. Lo que mejor podrían hacer todos estos es cerrar la boca. De lo contrario deberían seguir el ejemplo de superación de Demóstenes. Para Erasmo los defectos naturales, aunque inevitables, pueden ser corregidos, si se afrontan a edades tempranas: “Cuánta razón tenía el sabio aquel al decir: el estudio todo lo puede”. (Μελήτη πάντα δύναται, frase de Períandros, uno de los famosos siete sabios). Y a continuación recuerda los consejos que ya Quintiliano daba para corregir estos defectos: “El el habla del niño será más clara y expresiva si le hacemos leer, con la mayor rapidez posible, palabras y versos muy difíciles y complicados, formados por la unión de sílabas enfrentadas. A estos versos los griegos los llaman χαλεποί". El oso pone alguno ejemplos en latín: O Tite tute Tati, tibi tanta, tyranne, tulisti y en griego: γραῦν χθονίαν αἰσχρός φθόνος ἔῤῥαγεν οὐ ξίφος ἐχθροῦ. Me imagino que los actuales logopedas seguirán métodos más eficaces que los trabalenguas.
En todo este desastre lingüístico influyó también el carácter especial de cada nación. Muchos no pueden pronunciar, por ejemplo, la –s seguida de consonante, como en la palabra est. Los hispanos no tienen este problema, sí los galos que la pronuncian et, alargando la vocal. La pedantería de papá oso excede ya el límite de lo soportable cuando afirma que: "si no existiera la tendencia de cada nación a avanzar en sentidos diversos a causa de la variedad de sus defectos, el mundo sería mejor".